• Ivan Sosa

Recuperación ligamento cruzado anterior

Actualizado: abr 11

La reconstrucción quirúrgica del ligamento cruzado anterior (LCA) es el tratamiento habitual tras su rotura en deportistas. Los deportistas más expuestos a esta lesión son aquellos que practican deportes con cambios de dirección y saltos como el fútbol, balonmano, baloncesto o el vóley.



Se calcula que entre el 3 y el 15% de los deportistas, dependiendo de a qué actividad se dedican, sufren anualmente esta lesión. Es más frecuente en deportistas de élite y en mujeres.


El pronóstico de esta lesión implica que hasta en un 35% de los casos no se volverá a competir al mismo nivel que previo a la lesión. Asimismo, se ha constatado que hasta aproximadamente el 25% de quienes sufren una rotura del LCA sufrirán posteriormente una nueva lesión de este o del LCA de la pierna contraria.


Los factores que predicen un mejor pronóstico son: varón, edad <30 años y reconstrucción quirúrgica en los 3 primeros meses una vez ocurrida la lesión. Factores relacionados con un mal pronóstico son: paciente fumador, índice de masa corporal (IMC) >30, debilidad del cuádriceps, rango de movilidad articular disminuido (ROM).


Cuando nos encontramos con una lesión de LCA, con necesidad de realizar una reconstrucción quirúrgica, debemos tener en cuenta dos fases. Una primera fase de rehabilitación (RHB) preoperatoria o “prehabilitación” y una segunda de RHB postoperatoria. La prehabilitación es una fase que suele pasarse por alto.


En esta fase de prehabilitación tenemos que tener en cuenta tres claves.


1. En la fase prequirúrgica, debemos asegurarnos qué el deportista tenga el mayor ROM posible, debido a que en caso contrario aumenta el riesgo de encontrarnos con una disminución de este en el postoperatorio.


2. Un déficit de fuerza del cuádriceps >20% respecto al cuadriceps de la pierna opuesta, nos condiciona para un mal pronóstico, llegando en algunos casos a tardar hasta 2 años en solucionar estas descompensaciones.


3. Comenzar con rehabilitación incluso antes de la operación, resulta en una mejor autopercepción de la funcionalidad de la rodilla por parte del deportista.


En la fase de RHB en el postoperatorio:


1. No esta claro si una rehabilitación con supervisión directa es más efectiva que una rehabilitación en casa. Un programa de rehabilitación asistido para realizar desde casa puede ser exitoso especialmente en pacientes con una gran motivación por recuperarse.


2. En cuanto a la duración que debe tener la rehabilitación no se encuentran grandes diferencias comparando programas de 19 semanas o de 32 semanas. La recomendación general es que los programas tengan una duración de 9 a 12 meses, en función del objetivo de cada paciente.


3. El apoyo del peso corporal sobre la pierna operada es seguro desde el momento inicial después de la operación, siempre y cuando se mantenga un adecuado patrón de marcha (si es necesario, con muletas o bastones), no existe dolor excesivo, derrame intraarticular o aumento de la temperatura de la articulación al caminar o inmediatamente después de hacerlo.


4. Realizar trabajo con cargas externas no afecta a la laxitud de la rodilla y resulta beneficioso en cuanto a la aparición de dolor en la rodilla. No obstante, las cargas externas solo se deberían aplicar cuando hay un patrón de marcha correcto, y siempre y cuando no exista dolor o derrame de líquido en la articulación.


5. La crioterapia resulta efectiva para reducir el dolor durante la primera semana después de la operación pero no tiene efecto en la mejora del drenaje de líquido o en el ROM.


6. Para las primeras fases de la rehabilitación postoperatoria es recomendable comenzar con ejercicios isométricos durante la primera semana, para reactivar la musculatura del cuádriceps mientras estos ejercicios no reporten dolor.


7. A partir de la tercera semana se pueden realizar ejercicios excéntricos de cadena cerrada, generando mayor fuerza que los concéntricos. Además, el entrenamiento neuromuscular debe ser agregado para lograr una mejor autopercepción de mejoría por parte del deportista.


8. A partir de la cuarta semana se pueden realizar ejercicios, tanto de cadena abierta como cerrada (estos parecerían más adecuados).


9. Compaginar el entrenamiento con electroestimulación durante la fase de recuperación podría ser más efectivo para mejorar la fuerza muscular durante los primeros dos meses después de la reconstrucción del ligamento en comparación con la rehabilitación tradicional. También se ha visto que la electroestimulación junto con el entrenamiento isométrico ayuda a reeducar la contracción voluntaria del músculo en las primeras semanas de rehabilitación.


Criterios para el “Return To Play”

1. Una extensa batería de test, se podría usar para medir el momento adecuado para volver a la competición, pero no existe un test validado para predecir cuándo es el momento adecuado de volver a la actividad.


2. Un punto de partida que podría ser bueno para tener como se referencia sería un 90% o más en el índice de simetría de las piernas, aunque lo recomendable siempre será tener valores del 100% o lo más cercano posible a este punto.


Debido a que existen variaciones entre los individuos y no se pueden establecer plazos concretos en las fases de RHB, se sugiere optar por un enfoque por objetivos en cada fase del proceso. De este modo, cada deportista podrá pasar a la siguiente fase del proceso de RHB sólo si cumple objetivos específicos de la fase previa que deben ser confirmados a través de test específicos.

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